
Una válvula de cierre automático es la principal solución técnica para aislar de forma autónoma una fuga en una tubería dentro del plazo de 30 minutos exigido por las normas federales de seguridad. Este dispositivo cumple con las últimas normativas para infraestructuras nuevas y totalmente reemplazadas, ya que detecta caídas de presión localmente sin necesidad de intervención humana. Una instalación incorrecta de estas unidades puede tener consecuencias graves.